El objetivo principal del cepillado es eliminar la placa bacteriana, favoreciendo la acción de la saliva que sobre los dientes limpios potencia la conservación del esmalte. Si bien la placa bacteriana se forma de manera continua, es después de las comidas cuando su acción es más intensa, ya que los gérmenes cuentan con las sustancias nutritivas de las que se alimentan, propiciando una mayor acidez.
Aún cuando una buena higiene dental se basa sobre todo en el cepillado frecuente, y siempre después de las comidas, también conviene recordar otras prácticas muy beneficiosas, tales como los colutorios o la seda dental.
La elección del cepillo depende del gusto de cada persona. Por lo general suelen emplearse cepillos de dureza media, pues tampoco conviene dañar las encías con un cepillado abrasivo, y de cabezal poco voluminoso, para de esta manera llegar a todos los puntos de la boca. El uso de pasta dental favorece la protección del esmalte gracias a los compuestos que lo mantienen limpio de residuos alimenticios, así como la sensación de frescor en la boca, si bien en la protección de los dientes el cepillado es la parte verdaderamente fundamental.
Es importante cepillar todas las caras de los dientes: externa, interna y masticadora, dedicando un mínimo de dos minutos para el conjunto de todos los dientes, sin olvidar tampoco el cepillado de la lengua, donde también se acumulan también bacterias. Para las caras interna y externa la técnica más aconsejada es la de barrido desde la encía hasta el diente. Para la zona masticadora el movimiento más aconsejable es el rotatorio.